Referendúm (Ramón Roig)

Es la palabra de moda: referéndum. He vivido varios como ciudadano español y todos han sido inmorales. De niño, me acuerdo de aquél de 1966, cuando Franco lo dejó todo atado y bien atado. Tenía 12 años pero sé que les dije a mis padres (que votaron a favor) que habían metido la pata. Ignoro de dónde saqué aquellas influencias y aquellas opiniones pero así fue. Mis padres me dijeron que siempre tenía que señalarme porque ésa era la cuestión antes y ahora: no señalarse, no apartarse de la masa. El pueblo a veces se equivoca y hay que corregirle la plana. Se equivocó en 1936 votando al Frente Popular y Franco (con la ayuda de los March, los Luca de Tena, la Iglesia, etc.) lo recondujo al cauce adecuado. Se equivocó en 1973 votando a Allende pero allí estaban Kissinger y Pinochet para hacerlo reflexionar. Franco, Kissinger y Pinochet, tres asesinos, tres genocidas que morirán –uno ya ha pasado el trance tranquilamente, de viejos. Es el premio a sus desvelos por la moralidad democrática y por los servicios prestados. También se equivocó el pueblo en 1991, en Argelia, votando al Frente Islámico de Salvación y el Ejército lo colocó en su sitio. La prensa llamó a aquel golpe de estado “intervención del Ejército”. Se ha equivocado en Venezuela, apoyando a Chávez, al que ya han intentado quitar de en medio. No han podido, por ahora. Otros que se han equivocado han sido muchos vascos, inclinándose en gran parte por los nacionalistas. Porque ahora quieren hacer un referéndum para que cada cual vote lo que desee sobre la cuestión vasca. Ya les han dicho los herederos de los Reyes Católicos y de la Castilla de sangre vieja a lo que se exponen. Y en la Pascual Militar de este año alguien añadió que el Ejército está para persuadir. “España es una unidad de destino en lo universal”, lo afirmó José Antonio Primo de Rivera. No lo olvidemos. Qué se puede decir sobre la falsedad del referéndum de Franco. No vale la pena gastar tinta. Después, en 1976, llegó otro para legitimar la Transición. Conviene recordar que la Transición y la llamada democracia están asentadas sobre un referéndum tramposo en el que sólo tuvo voz la UCD, es decir, el apaño que se engendró para llevar a cabo la maniobra lampedusiana que fue la Transición y el régimen posterior. Tengo a mi lado la entonces, famosa tarjeta que imprimió una oposición amordazada que pedía la abstención precisamente porque no la dejaban expresarse libremente. En ella se leía: “Esta tarjeta es ilegal porque hace propaganda de la ABSTENCIÓN al Referéndum para evitar que continue la situación que permite prohibir esta tarjeta. Por la democracia”. Luego llegó el referéndum constitucional de 1978, donde algunos tuvimos que votar a favor tapándonos la nariz, donde los vascos se abstuvieron en su mayoría pero han tenido que tragar a pesar de que esa Constitución reconoce la personalidad de los pueblos. Es un texto esquizoide que lo mismo sirve para un roto que para un descosido y que contó con un 33 por ciento de abstención, un 58 por ciento de votos a favor y un 8 por ciento de papeletas en contra, lo cual no es un resultado muy esperanzador para la época. De manera que nuestra unidad territorial, nuestra Corona, etc., están asentadas en bases bastante enjutas. Supongo que, dadas las circunstancias, no se pudo hacer otra cosa pero eso no es óbice para que se recuerden los hechos.
El referéndum andaluz de Lauren Postigo ya lo sabemos de sobra, supongo: una treta constitucional permitió enmendar el descuelgue de Almería. En 1986, Felipe González aparece lloriqueando por su televisión para decirnos que si no votamos a la OTAN se marcharían las inversiones extranjeras y perderíamos el tren de la modernidad. El pueblo hizo lo que quería Felipe (los catalanes no, por ejemplo), Rota fue la localidad donde más apoyo recibió la OTAN. Se aprobó solamente la adhesión civil pero luego nos han colado la militar. Ahora llega el referéndum europeo de Los del Río y Los Morancos, otro referéndum tramposo. El pueblo dirá sí, por miedo y por no señalarse, pero se quedará en casa mucha gente. Y si le da por equivocarse volverán a la carga, como hicieron con Dinamarca. Ya no les joden a estos sus negocios; con lo que les costó tumbar a los comunistas no están para que venga la democracia a fastidiarles el garito.

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