Del aborto y los langostinos
Me llama la atención un amigo sobre una genialidad de esas que ya empiezo a pasar por alto (con determinadas cuestiones sucede como con el alcohol y muchas drogas: vas desarrollando una tolerancia que te exige dosis cada vez mayores para obtener el mismo efecto).
Compartíamos barra de bar con una chica muy simpática que tiende a emplear su tiempo en la defensa de causas nobles. Como sabemos que es vegetariana, pedimos al camarero algo que ella estuviera dispuesta a tomar. Y nos sirvió unos langostinos. Se los ofrecimos interrumpiendo una encendida arenga en defensa del aborto libre, que como ustedes se imaginan yo apoyo. Fue en ese momento cuando la joven nos explicó que no podía comerlos porque eran seres que tenían ojos.
























