Esperanza Aguirre en Bombay
No sé si, en un naufragio, ocuparÃa el último puesto en el último bote salvavidas, dejando en el agua a otros más lentos o más torpes que yo, sin volver siquiera la cabeza. No sé si quiero saberlo. Tampoco sé si, llegado el caso, me reconciliarÃa conmigo mismo o encontrarÃa alguna forma de paz.
Como fuere, ante un peligro mortal, el valor es digno de elogio, pero condenar la cobardÃa de los otros es una ruindad. No vale todo contra el enemigo polÃtico. Es peor que una ruindad: denota una actividad moral (e intelectual) casi embrionaria.
Rafael Reig explica estupendamente en Público lo que, a la vista del aluvión de burlas y chistes sobre el viaje Bombay-Madrid de Esperanza Aguirre, pensamos unos pocos cobardes que corremos prestos en auxilio de la dama de hierro con calcetines blancos.
Creo que fue Sabina quien en alguna ocasión dijo, medio en broma medio en serio, que en caso de guerra él huirÃa al primer grito de sálvense mujeres y niños. Yo lo suscribo. Aunque sólo sea por si acaso.
























