Fantasmas

Por nuestras ciudades vagan miles de personas invisibles para la sociedad. Nunca votan. Tampoco salen en televisión. El desarraigo, la enfermedad y las adicciones que prometen la vida para luego quitarla sólo son noticia cuando afean las calles y se acercan demasiado a nosotros. Que hagan su vida, pero lejos de aquí. ¿O es que no ve que me espantan a los clientes?

El ex alcalde Álvarez del Manzano, muy consciente de la necesidad de ocultar a los que todo lo perdieron o nunca poseyeron, fue retirando los bancos del centro de Madrid (improvisada residencia de tantos indigentes) para luego utilizar a los municipales de barrenderos que apartaran de nuestro camino a los sin techo. También aportó su toque personal en política social, muy en la línea de doña Ana Botella, mano derecha de dios y de Gallardón: que la caridad cristiana se ocupe de ellos, que el Ayuntamiento tiene otras prioridades.

¿Y no recuerdan la ordenanza del muy progresista gobierno local de Barcelona que prohibía ejercer la mendicidad a los lisiados o a cualquiera que decidiera ocupar determinados espacios públicos? Pudiendo meter la basura debajo de la alfombra, ¿para qué hacer más?

Son muertos de hambre, seres que no nos preocupan porque no son de los nuestros. No son familiares, ni amigos de la infancia, ni ex compañeros de trabajo, ni viejos colegas del instituto. Son simplemente desgraciados irrecuperables para la sociedad.

Ayer descubrimos a la actriz Terele Pávez entre cartones, a escasos cinco minutos de la Puerta del Sol. “¡Qué horror! ¡Alguien tiene que ayudarla!”, gritan en la televisión. “¿Cómo ha podido llegar ahí?”. No lo sé. Pero, ¿y los demás? ¿Cómo han llegado hasta ahí? ¿Ha mirado usted alguna vez sus rostros? ¿Está realmente seguro de que esos fantasmas que vagan por la ciudad no son familiares, ni amigos de la infancia, ni ex compañeros de trabajo, ni viejos colegas del instituto? ¿Está convencido de que no son, en fin, como usted?

2 comentarios hasta ahora »

  1. RGAlmazán dijo

    2.Abril.2008 @ 20:32

    Tienes toda la razón del mundo. No somos capaces de ver que el que está en esa situación es como nosotros. Y que nunca se sabe si mañana nos puede pasar. No queremos indigencia porque ensucia nuestras ciudades. Nos hemos hecho insensibles ante lo que ocurre a los demás, si estos no son gente cercana.
    Lamentable pero cierto.

    Salud y Repúblia

  2. Javier Pueyo dijo

    4.Abril.2008 @ 17:42

    Por cierto, don Rafael, gracias por la recomendación en su blog. Dios se lo pague.

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