Acorralado por dios

Oigan: qué asco daba ayer por la tarde el centro de Madrid. Entre el olor a incienso -o a azufre; a veces los confundo-, los perfumes baratos de las señoronas que me impedían el paso y esas cadenas arrastradas por siniestros aspirantes a quemanegros del Ku Klux Klan, hacía meses que no me sentía tan señalado por el dedo de dios. La vez anterior fue cuando nos dio por acabar unas copas en el interior de una iglesia (era muy tarde y hacía frío, ¿qué querían?).

No es que yo sea anticlerical, dios me libre, ¿pero no podrían hacer esas marranadas en su casa, tranquilos, en silencio y sin exhibirse de ese modo? ¿Es que quieren que nuestros hijos nazcan, se eduquen y vivan en un estado de degeneración moral tan desastroso? No estoy en contra de esas personas (al contrario: deseo que superen su enfermedad), pero es que pretenden hacer pasar por normal lo que no lo es. A mí me parece una provocación.

1 comentario hasta ahora »

  1. Miguel dijo

    23.Marzo.2008 @ 12:57

    Buscando curro debajo de las piedras,
    cansado de llamar a todas las puertas,
    harto de citas con tipos casposos
    que pasan de ti como de un leproso.

    Y acudes a todos los anuncios,
    rellenas formularios absurdos,
    dejas tus datos, nadie te llama
    y acumulas palmadas en la espalda.

    Y en casa la misma charla:
    “Vago, haragán”, grita la vieja,
    “Ésto no es ningún balneario.
    A ver si te ganas ya los garbanzos”.

    Hasta que un día que estás en casa
    mirando en la ventana a la gente que pasa,
    te fijas, atentamente,
    en las monjas guarras del convento de enfrente,
    lo bien que viven, lo bien que se lo pasan
    haciendo que hacen sin dar un palo al agua.

    Y, ¡albricias!, se enciende la bombilla:
    esta empresa no estaba en mi lista.
    Qué torpe he sido, ahora caigo,
    en la Iglesia nunca hay paro.
    He visto la luz, ¡hip, hip, hurra!
    Mi futuro está en ser un cura.

    Y me chupo muchos años de seminario,
    comiendo, durmiendo y rezando.
    Me aprendo al dedillo los Santos Evangelios,
    canto, medito y a veces me la pelo.
    Hasta que me examinan y apruebo sacerdote,
    me dan un alzacuello, un uniforme,
    paga extra, un mes de vacaciones,
    mi parroquia, mi cáliz y mis cuatro pobres.

    Trabajando, trabajando para Dios.
    Ahora las hostias las doy yo.

    Y a currar como un loco para una gran empresa
    multinacional que nunca quiebra.
    Reparto bendiciones, desvirgo monaguillos,
    sobo ancianas y me guardo los cepillos.
    Un solo patrón, un solo sindicato,
    director general: el Espíritu Santo.
    Así que si no quieres seguir parado
    aprende a ganarte la vida rezando.

    Trabajando, trabajando para Dios.
    Ahora las hostias las doy yo.

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