Fa(n)go
Ya no se mata como antes. ¿Recuerdan ustedes al Sacamantecas, ese asesino que en el Álava del siglo XIX extraía la grasa a sus víctimas tras abrirles la barriga con un cuchillo? ¿O al Arropiero, que acabó con la vida de 48 personas, manteniendo relaciones sexuales con algunos cadáveres? ¿O Puerto Hurraco, esa pedanía de Badajoz en la que los hermanos Izquierdo mataron a nueve personas por un asunto de lindes? Eso era matar a lo grande, dejándolo todo bien ensangrentado y lleno de miseria. Y es que en esto del crimen y la masacre, para qué vamos a engañarnos, cualquier tiempo pasado fue mejor.
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