Hablando de democracia
Después de la crisis institucional provocada por franceses y holandeses tras su rechazo a la Constitución Europea […], nuestros políticos europeos buscaron una nueva vía para tratar de aprobarla por lo bajini. Y así se sacaron de la manga el llamado Tratado de Lisboa, que no es lo mismo pero es igual, y fueron a Lisboa –de ahí el nombre del Tratado- y, entre vinho verde y fados, lo aprobaron con nocturnidad y alevosía al estilo Juan Palomo, yo me lo guiso yo me lo como. […] Pero, claro, esta vez no van a dejar que los ciudadanos europeos se pronuncien […] y, salvo el caso de Irlanda, serán los parlamentos nacionales quienes procedan a su ratificación.
Eso sí, mañana irá alguna delegación de europarlamentarios a cualquier país del mundo a explicarles cómo funciona la democracia y lo cojonudo que resulta engañar al pueblo haciéndoles creer que viven en una porque van a votar una vez cada cuatro o cinco años. ¡Tiene bemoles la cosa!
























