Nuestra estrategia se centra en sembrar dudas en los votantes socialistas. […] Sabemos que nunca nos van a votar, pero si logramos crear suficientes dudas sobre la economía, la inmigración y los nacionalismos, quizás se queden en casa.
ACTUALIZACIÓN (17.41h):
La niña de Rajoy ha hecho público un comunicado que circula a esta hora por distintos foros y blogs. En él recuerda lo que sucederá si el Partido Popular gana las elecciones:
- Si mis papás son dos papás o dos mamás, me llevarán lejos de ellos.
- Si me quedan asignaturas en el curso donde más abandonos hay, me pasarán a una clase de “tontos”.
- Me podrán meter en la cárcel a los 12 años.
- Mis papás tendrán que firmar un contrato de ciudadanos de segunda si no son de aquí, como yo.
- Tendré que hacer una cola diferente a la de los enfermos de pago en sus hospitales.
- No podré abortar como si yo fuera dueña de mi cuerpo.
- No me podré casar si me enamoro de otra chica, o adoptar a otros niños y niñas como yo.
- Cuando sea viejita, o si estoy muy enferma, no querrá mantener una Ley de Dependencia para que pueda vivir dignamente.
- Cuando me muera, lo haré entre horribles dolores porque mi médico no querrá que le persigan como a un asesino.
Pero me ha hecho mucha ilusión que Rajoy me mencione en la tele. ¡Gracias, Mariano!
Me llamo Kyriakos y soy gestor de proyectos de ayuda humanitaria en situaciones de conflicto. Actualmente me encuentro en la zona de Darfur Oeste, al lado de la frontera con Chad. […] La guerra sigue. Cada vez más gente deja sus casas huyendo hacia los campos de refugiados. […] Familias, mayoritariamente mujeres y niños, caminan de 2 a 4 días bajo el sol durante el día y con frío durante la noche.
Una peligrosa octogeneria cuestiona en un mitin del Partido Popular a Eduardo Zaplana. Los militantes que están a su alrededor la intentan convencer de su error con el uso de la fuerza. Ante la resistencia verbal presentada por la anciana, los servicios de seguridad intervienen y la llevan con amabilidad hasta una ambulancia, donde es atendida por varios médicos.
Libertad Digital destaca a esta hora que “Ignacio González acusa al PSM de estar detrás de la agresión a Granados y Güemes”. En realidad, el titular se refiere a los abucheos bien merecidos que han tenido que soportar esta mañana los consejeros de Esperanza Aguirre en su visita a Parla. La noticia no es que los ciudadanos se manifiesten contra el desmantelamiento de la sanidad pública ejecutado por la Comunidad de Madrid, y mucho menos que lo hagan cuando Granados y Güemes van a visitar a las víctimas de su política privatizadora y antisocial, sino que Ignacio González impute con falsedad y mala fe a sus adversarios electorales un delito que nunca se ha producido.
También es noticia que Tomás Gómez pierda su tiempo condenando invenciones del Partido Popular, en lugar de apoyar a los vecinos y denunciar las políticas que ponen nuestra salud a cotizar en bolsa y los servicios sanitarios sufragados por todos los madrileños en manos de empresas privadas cuyos criterios profesionales empiezan y acaban en su propia cartera.
Después de la crisis institucional provocada por franceses y holandeses tras su rechazo a la Constitución Europea […], nuestros políticos europeos buscaron una nueva vía para tratar de aprobarla por lo bajini. Y así se sacaron de la manga el llamado Tratado de Lisboa, que no es lo mismo pero es igual, y fueron a Lisboa –de ahí el nombre del Tratado- y, entre vinho verde y fados, lo aprobaron con nocturnidad y alevosía al estilo Juan Palomo, yo me lo guiso yo me lo como. […] Pero, claro, esta vez no van a dejar que los ciudadanos europeos se pronuncien […] y, salvo el caso de Irlanda, serán los parlamentos nacionales quienes procedan a su ratificación.
Eso sí, mañana irá alguna delegación de europarlamentarios a cualquier país del mundo a explicarles cómo funciona la democracia y lo cojonudo que resulta engañar al pueblo haciéndoles creer que viven en una porque van a votar una vez cada cuatro o cinco años. ¡Tiene bemoles la cosa!
La retirada de Fidel, durante tantos años símbolo de la resistencia y la revolución, no es una buena noticia -aunque pudiera parecerlo- para quienes desean ver en La Habana una triste sucursal de Washington, pero tampoco tiene necesariamente que serlo para aquellos que se oponen a cualquier cambio en la isla. El adiós de Fidel es, por encima de todo, una oportunidad para los cubanos.
Cuba, durante las últimas décadas, ha demostrado que un país pobre y aislado puede aventajar a gran parte de Occidente en el respeto de algunos derechos humanos: los económicos, sociales y culturales. El bloqueo de Estados Unidos no ha impedido a Cuba situar sus indicadores de desarrollo humano en posiciones comparativamente admirables, ni garantizar el acceso a servicios básicos, educativos, sanitarios y de vivienda a la totalidad de su población.
Pero quienes se conformen con estos logros se conforman con poco. Las deficiencias en materia de derechos civiles y políticos son demasiado graves como para mirar hacia otro lado. Avanzar en la apertura social y política de la isla sin renunciar a un modelo económico al servicio de los ciudadanos sería, probablemente, el hito más importante en la reciente historia de Cuba. Constituiría, por un lado, la demostración -en forma de golpe a la Administración de Estados Unidos- de que otros sistemas socioeconómicos son posibles y deseables; y evidenciaría, por otra parte, algo que aún hoy muchos se niegan a admitir: que la libertad no es enemiga de la igualdad ni bandera exclusiva de quienes aspiran a desestabilizar la isla, sino condición necesaria para que la igualdad sea real.
Es casi imposible adivinar qué sucederá. No ya por la presión de los sectores más inmovilistas del interior, que parecen perder fuerza, sino por la extrema dificultad que entraña dar pasos de calado cuando para el vecino del norte todo vale si se trata de convertir Cuba en el burdel caribeño que nunca debió dejar de ser.
Un numeroso grupo de representantes del mundo de la cultura agrupados en la PAZ (Plataforma de Apoyo a Zapatero) presentaron en sociedad su signo (el dedo índice a modo de V invertida, como la ceja de Zapatero) y la canción “Con alegría”, para expresar su apoyo al candidato del PSOE a la presidencia del gobierno.
Muchos de ellos son habituales reclamos en campaña electoral del PSOE. Otros no. Algunos precisan que es un “apoyo al hombre, no al partido”. Y entre otras cosas, les une una radical reivindicación del laicismo (contra las injerencias de la Conferencia Episcopal), los derechos civiles como el aborto (contra la campaña de la derecha y los obispos), y una economía al servicio de los ciudadanos. Que no gane la derecha es un deseo que compartimos. Que para ello, se comulgue con ruedas de molino resulta inaceptable. La cúpula eclesiástica ha sido tratada con “cariño” por el partido al que ellos piden el voto (me viene a la cabeza la vicepresidenta saludando con mantilla y reverencia al Papa); la ley de plazos para que las mujeres decidan si interrumpen su embarazo ha sido primero incumplida (iba en el programa electoral socialista) y más tarde desplazada de sus objetivos electorales (no vaya a ser que se asuste el centro), y la economía, con subastas fiscales incluidas, vuelve a estar dominada por ocurrencias y medidas siempre digeribles por los centros de decisión económica. La cultura progresista ha de mantener una posición unitaria y crítica con el ejercicio de la política.
Pero si se decide romper la vocación unitaria para ponerse al servicio de proyectos políticos concretos que se haga con decencia y coherencia. No se puede ser equidistante entre izquierda y derecha. De acuerdo. Tampoco aceptar, y mucho menos con alegría, cierta cobardía política para enfrentar los cambios. Puestos a buscar coherencia y decencia, prefiero a aquellos representantes de la cultura que ayer optaron por IU y el día 9 de marzo también.
¿Hubiera podido consolidarse la versión oficial de la masacre de Madrid entre la base electoral del PP sin el inestimable concurso del ABC? La respuesta es que no. La versión oficial del 11-M ha conseguido resistir hasta el comienzo del juicio gracias, entre otras cosas, a que hubo un medio de comunicación que se encargó de tratar de anestesiar a los electores de la derecha. […] Zarzalejos se suma a esa lista de bajas que inaugurara Piqué y que engrosó Gallardón hace no muchas fechas. Aquéllos que creemos que los ciudadanos tienen derecho a conocer la verdad del 11-M estamos, por tanto, de enhorabuena. El ABC está ahora en manos de un periodista cabal, como es Ángel Expósito, que se ha rodeado rápidamente de un equipo de auténtico lujo. Bienvenido sea el nuevo (o, mejor dicho, el recuperado) ABC a las filas de la resistencia. Se le estaba echando de menos.
Luis del Pino, en su blog especializado en conspiraciones, avistamientos y psicofonías.
La volví a ver hace poco, en un parque. Ella empujaba un carrito de bebé y otro niño, de unos cuatro años, corría a su lado. Pensé que de algún modo ella había conseguido cumplir las promesas que le habría hecho a algún otro. Y recordé aquella vez que me habló de un novio que tuvo su madre que, años después, al encontrarla casada y con una hija, sólo supo decir, con tono lastimero: “Esta niña podría haber sido nuestra”. Yo no quise ser ese hombre, así que no dije nada. Nos saludamos como dos viejos amigos y hablamos superficialmente del pasado. ¿Has vuelto a ver a Pablo, qué habrá sido de él? ¿Recuerdas aquella vez en el cine de verano, que empezó a diluviar? Llevabas aquella falda que tanto me gustaba. Estábamos convencidos de que íbamos a cambiar el mundo, ¿te acuerdas? Qué ingenuos éramos. E íbamos a estar siempre juntos, pero esto último no lo mencioné. Luego se marchó a casa, se hacía tarde, los niños tenían que merendar. Yo me quedé un rato más en el parque, sentado en un banco, con una congoja que pensaba que me iba a matar, diciéndome que sin duda oscurece demasiado pronto en invierno.
Dice Zapatero que “aquellos que usan la violencia, la amparan, la apoyan o no se atreven a estar contra ella por cobardía, por sumisión o porque se humillan ante quienes tienen una pistola, no pueden estar en el juego democrático”. ¿Seguro? Con la Ley de Partidos en la mano, sin duda. Pero la legislación antiterrorista aprobada por Aznar con el impulso necesario del hoy presidente del Gobierno dista tanto de lo razonable y de lo democrático como la miseria moral del delito.
No me cabe la menor duda: quienes excusan el terrorismo de ETA o evitan condenarlo son unos miserables. Pero la catadura moral de semejantes elementos, dignos de todo rechazo social o político, no puede ni debe llevarlos a la ilegalidad. Primero, por puro instinto de supervivencia: si nos ponemos serios, nadie se salva de la quema. Segundo, por pragmatismo: si el caso de ETA es complejo, lo es por el respaldo social que aún hoy conserva la banda; o se logra integrar al entorno batasuno en las instituciones y en la defensa pacífica de sus legítimos planteamientos, o se le condena al papel de servil doncella de los asesinos. Y tercero, por principio: ninguna ley puede decirme lo que debo o no debo condenar, por más que mi decisión pueda situarme a ojos de todos en un verdadero estercolero moral.
El veto a una organización política no por una relación orgánica con banda armada, como pudo ser el caso de Batasuna, ni tampoco por un programa incompatible con las libertades civiles y los derechos humanos, como es el caso de Democracia Nacional, sino por la no condena de actos de terceros, resulta tan disparatada como inquietante. Abre el camino a que, no ahora, sino acaso en un futuro lejano debamos recordar -ya sin remedio- aquellas palabras de Martin Niemoeller.
Concedamos por méritos propios al Partido Popular la bandera del miedo y de la xenofobia. Se la ha ganado. ¿Quiénes mejor para portarla que los que denuncian en rueda de prensa que la delincuencia se ha disparado en 20 puntos por el descontrol migratorio mientras culpan a los trabajadores extranjeros de degradar el sector hostelero? “Ya no hay camareros como los de antes”, denunció -con notable preocupación- Arias Cañete sin sonrojarse lo más mínimo.
La raíz de este discurso, repugnante en ocasiones y siempre peligroso, la reflejó muy bien Sarkozy al afirmar que “debemos elegir la inmigración que queremos y no la que los inmigrantes quieren”. Y aquí llega el problema: el populismo, la demagogia y la xenofobia calan porque la derecha y amplios sectores sociales dan por supuesta esa premisa, que no demuestra más que mala fe o un desconocimiento terrible de la esencia del fenómeno migratorio.
Es impopular reconocerlo, pero debemos hacerlo si aspiramos a comprender siquiera en algún grado lo que sucede: no somos nosotros los que podemos controlar las migraciones, ni somos nosotros los que tenemos la autoridad moral para impedirlas. Los seres humanos que llegan a nuestras costas o aeropuertos lo hacen porque se mueren, por falta de comida o exceso de balas; proceden de países en los que los derechos humanos más básicos sólo son reconocidos a las minorías privilegiadas y opresoras, frecuentemente apoyadas -por activa o por pasiva- por nuestros democráticos gobiernos. Los derechos a la vida, la libertad o la alimentación no son derechos que podamos conceder o no en función de las necesidades de nuestro mercado laboral; son aspiraciones legítimas de millones de hombres y mujeres que no entienden por qué un porcentaje minúsculo de la población mundial vive por encima de sus posibilidades mientras una gran mayoría de seres humanos no llega ni al dólar diario, y son, en fin, aspiraciones que llevan a millones de personas a arriesgar su propia integridad física para sobrevivir.
Los absurdos contratos que propone Rajoy, o los compromisos decepcionantes de Zapatero para no regularizar a más inmigrantes, no van a impedir que el hambre o las guerras sigan empujando a cientos de miles de seres humanos a las ciudades españolas. Nuestros representantes electos harían mejor en analizar los problemas de fondo y ejecutar políticas dirigidas a paliarlos. Y esos problemas no están ni en la T4, ni en las embajadas, ni en las costas canarias o andaluzas; esos problemas están en los países olvidados que sólo recordamos a la hora de enviarles en avión remesas de inmigrantes sedados por la policía.
El candidato con más posibilidades ha ganado. El hasta ahora director de Europa Press, Ángel Expósito, sustituye a José Antonio Zarzalejos en la dirección de ABC. Vocento apuesta por un hombre mucho más centrado en la información que en la opinión y las posiciones editoriales para relanzar el diario. El Consejo de Administración de ABC no ha esperado a las elecciones de marzo para cambiar por segunda vez a Zarzalejos. La primera fue en 2004, cuando fue sustituido por Ignacio Camacho. Volvería casi un año y medio después ante el descontento del consejo por la marcha del diario.